La colección de Harold Pinter: Una comedia sin risa.

¿Qué es lo que falla cuando una comedia simplemente no resulta cómica? Como cuando cualquier obra de arte no logra lo deseado, muchas veces pese a que es técnica y artísticamente admirable. Así, no está claro precisamente lo que no funcionó de la interpretación de La colección de Harold Pinter, dirigida por Agustín Alezzo, que se da ahora en El Camarín de las Musas.

La coleccion 3

El púbico se encuentra con la historia intrigante y extraña de una mujer (Stella, Lorena Saizar) que le confiesa a su marido (James, Manuel Elizondo Hourbeigt) una noche de infidelidad con Harry (Sebastián Argañaraz), un joven diseñador que conoció en un hotel durante un viaje de negocios. La historia y guión original de Pinter son magníficos, y un buen ejemplo del talento que le ganó el Premio Nobel de la Literatura en 2005. El complot es un tejido de giros y ambigüedades que va contando una historia de engaño, deseo y mentira que desorienta al público, dejándolo incierto respecto de las verdaderas intenciones de los personajes y haciéndole cuestionar los límites entre lo visible y lo escondido en las relaciones entre los personajes. La acción tiene lugar en Inglaterra al final de los cincuenta, dentro de una cultura de clase media tradicional en decadencia. Así la obra involucra un montón de marcas clave de este ámbito (la falsa formalidad, la autosupresión de sexualidad, la necesidad de mentirle y engañar al otro para guardar las apariencias) todo lo cual hace a la obra más interesante para un público de acá, que está tan lejos en espacio como en tiempo.

Sin embargo, traducir todos los aspectos de una obra así es un gran desafío que muchas veces no se logra. Con La colección es una cuestión también de poder transliterar un wit sumamente británico no solo a la lengua castellana, pero también a un humor con que puede relacionarse el público argentino. El uso interminable del ‘usted’ como sujeto expreso, diálogos torpes y una falta de vida en las interacciones entre los protagonistas crearon una rigidez que impedía el desarrollo del humor que, al fin y al cabo, puede evidenciar la ausencia de risas en el público. No ayudaba una falta de timing y uso de pausa por parte de los actores que no aprovechaban del humor inherente en el texto. Dos cosas que se consideran como emblemáticas de las obras de Pinter.

Tampoco los elementos más técnicos conseguían mejorar la obra. La escenografía parecía un poco incómoda, aunque no cometía el pecado capital de interferir directamente con la acción, como pasa mucho con decorados mal pensados. Personalmente (esto puede ser solo un prejuicio mío en contra del uso sin sentido de sonido artificial en el teatro) encontré los efectos de sonido y la música superfluos y, por momentos, verdaderamente molestos. Si no hay una puerta para golpear en el escenario (lo cual es perfectamente válido) ¿porque no se emplea un timbre? Pero el sonido de golpes a una puerta sin ningún movimiento de los actores para hacer tal ruido es raro. Sí, es algo pequeño, pero como el uso inexplicable de una pieza de Vivaldi durante una escena, que velaba las voces de los actores, rompió un poco la suspensión de incredulidad necesaria en cualquier exposición teatral.

Esta obra es como la película que vas a ver un martes por la tarde para matar tiempo: es un buen intento, no tiene nada terminal, pero salís con la sensación de que faltó algo para superar la mediocridad. Una cantidad de fallos chiquitos, que solos casi ni se notarían, pero en su conjunto impiden que el guión, dirección, actuación etc. se cuajen como una comedia exitosa. La obra original de Pinter es, antes que nada, exactamente esto: una comedia. Y si una interpretación no logra mostrarlo como algo importante erró llevándola al escenario.

Patrick Orr

La colección está los sábados a las 20.30 hs. en el Camarín de las Musas (Mario Bravo 960, esquina Córdoba)

la coleccionDirector: Agustin Alezzo
Autor: Harold Pinter
Actúan: Sebastián Argañaraz – Manuel Elizondo Hourbeigt – Lorena Saizar – Matias Leites – Federico Tombetti
Diseño gráfico: Ramiro Gomez
Vestuario: Agustin Alezzo
Diseño del espacio: Agustin Alezzo
Asistencia de dirección: Matias Broglia
Dramaturgia y dirección: Agustin Alezzo
Prensa y difusión: Simkin & Franco

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