Rojo Floyd: el libro fantasma

syd-barrett“(…) de tanto seguirle la pista a un fantasma,

te conviertes también tú en un fantasma.”

Floyd en el título y un triángulo en la tapa y ya sabemos el tema de esta extraña novela. Pero no se trata de una biografía de la banda británica sino de la elaboración de una hipótesis que su autor parece sugerir pero que no enuncia.

Pink Floyd saca su primer disco bajo el liderazgo artístico de Syd Barrett, un referente absoluto de la psicodelia rockera. Como muchos de los miembros de este club, el abuso de LSD, entre otras drogas, fue su ruina. Sin embargo, los fans de Floyd parecen dividirse en dos grandes grupos: los fanáticos de The Piper at the Gates of Dawn que piensan que después de Barrett ya nada fue igual y “los que piensan que [Pink Floyd] existe gracias a esa separación.” Es verdad que Waters y Gilmour tomaron, cada uno en su momento, las riendas de la banda y fueron creciendo cada vez más, “como obedeciendo a una ley según la cual sólo se podía crecer”. Pero Barrett no parece haber quedado olvidado en el origen. Este libro está obsesionado con la leyenda de Syd Barrett, o mejor dicho, con su fantasma. Pero no va en su búsqueda implacable a través de un relato, sino que lo pone en boca de todos. Es un compilado de confesiones y lamentaciones, testimonios e interrogaciones de los personajes más variados. Desde David Bowie a Alan Parker; desde los familiares a los integrantes de la banda; desde un fan a un protagonista de una canción; los discursos van rastreando a Barrett a lo largo de la historia conflictiva de Pink Floyd. Mari, su autor, apela ‘al mal de muchos’ y juega a que todos, hasta los animales y los punks del momento se reúnan en un concilio y discutan el factor Barrett, el Diamante loco.

floyd“¿Cómo  es posible que no relacionase todo aquel mastodóntico maquinismo y todo aquel fragor con la desesperada intención de acallar la voz de un muchacho que a ellos les había enseñado todo?” se pregunta Peter Watts, road manager de la banda. Es que la huella de la inocencia y el genio de Barrett se vuelve virus que todo lo contamina. Y cuál psicoanalistas expertos todos lo encuentran por todos lados, mientras que para los miembros de la banda significa la herida por la que sangran y que no quieren exponer. Un amigo de la infancia de Syd, John Gordon, asegura que “La primera secuencia de Shine on you crazy diamond y Wish you were here son lo más desgarrador que ha salido del genio de Pink Floyd. Justamente por esto estoy furioso, furioso, sí, porque sigo preguntándome qué necesidad había de arruinarlo todo declarando que esas piezas no fueron compuestas para Syd… Un disparate.” Es que parece algo evidente, hasta para Alan Parker, director de la película de The Wall, quién se sorprende al darse cuenta de que él también estaba infectado y creyendo haber tenido completa libertad creativa, vuelve a ver su obra y se pregunta: “¿Es esto lo que cuenta The Wall, cuenta el poder de Barrett sobre Pink Floyd, algo semejante a la posesión?”

Pero para Waters, Gilmour, Mason y Wright la historia es otra. Pink Floyd se vuelve más grande que ellos mismos y “esta consagración fue dándose al unísono con el abandono de la reputación del grupo underground: imagino que el alejamiento de Barrett facilitó la transformación, dicho sea sin la menor intención de ofender a los puristas de la primera hora” (John Adiss, director de coro y de Atom Heart Mother). Sacar a Barrett fue desgarrarse pero también fue un salto al éxito que no puede ser vivido sin culpa. Es espeluznante el momento en que Brian Jones, quién fue separado de los Rolling Stones por sus adicciones y termina ahogándose en la pileta de su casa, explica con total sarcasmo la agonía del éxito: “Pagarían millones de libras por el agua de mi piscina…”

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Y si uno escucha, sólo por poner un ejemplo, The Wall, parece haber algo de eso. “Esa pared hacía mal, pero a nosotros que estábamos en el escenario también nos daba seguridad: despojado y cegador, el escenario era el lugar donde quedábamos expuestos, indefensos, sin la piel. Así protegido y escondido estás destinado a enloquecer: Así tu mala conciencia libera su parte sádica y pone en escena un juicio en el que el juez es un gusano, y ese gusano nacido del aislamiento de tu cabeza te condena a salir del aislamiento, a quedar nuevamente expuesto como un recién nacido: por lo tanto, las fuerzas que han erigido la pared son las mismas que ordenan derribarla. El arte, por lo tanto, no salva” (Bob Ezrin, colaborador de las representaciones teatrales de The Wall). Hay mucho para pensar en estas reflexiones sobre el arte y la industria, sobre la inspiración y los fantasmas. Por momentos pensé que quizá si Jack Kerouak no hubiera muerto por su alcoholismo no hubiera escrito, entre otros, Los vagabundos del Dharma. Quiero decir, que es desde esos lugares oscuros desde donde parecen emanar la creatividad y el genio. Pero el arte no salva al artista, al menos no necesariamente. Ni a los que mueren ni a los que sobreviven. “¿Todavía no has entendido que lo que nos jodió la vida es la belleza?”

No todos lo reconocen. Mason es el primer indignado cuando de Syd Barrett se trata, cansado de esa leyenda que le parece exagerada, un poco por celos y envidia y un poco por soberbia: “¿Se acuerdan cuando aquel culo roto de Johnny Rotten se paseaba con una remera con la leyenda “I hate Pink Floyd”?¡Ya lo creo, tocaba con los Sex Pistols! Hay que comprenderlo: no debe ser nada lindo ser el líder de los Sex Pistols en los mismos años en que existe Pink Floyd… Pero a Syd no, ¡no lo odiaba! Syd con los Sex, iban a ser los Six… justo: seis neuronas entre todos…”.

RojoFloydComo podrán apreciar, los alegatos a favor y en contra son jugosos. Sin embargo, esta novela (no se impone la exigencia de ser fiel a la historia de la banda) no termina de ser una obra imperdible. Michele Mari no logra que las voces representen las diferentes personalidades de sus personajes, impidiendo que encontremos mejores contrastes en los discursos compilados. Es un libro entretenido, que te saca algunas sonrisas y te propone algunas buenas reflexiones y te invita a revisitar la obra de Floyd, que es verdaderamente genial e inagotable.

Mención aparte merece la editorial que publica Rojo Floyd, La bestia equilátera, una de mis preferidas, especialmente porque sus ejemplares son hermosos. Llevan el libro-objeto a su lugar de privilegio, aprovechando su capacidad de seducir y decorar, de ser un trofeo en nuestra biblioteca.

MICHELE, M., Rojo Floyd, Ed. La bestia equilátera, Buenos Aires (2013)

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