Apátrida y la cuestión nacional

“¡Pero qué arte nacional ni qué berenjenas! No podremos hablar de ello hasta dentro de 200 años…y unos meses.”

Los espectadores que entran a la sala del teatro El extranjero son recibidos por varios metrónomos descompasados, tocando cada uno su propio tic toc tic toc regular, pero  cada cual a su propio ritmo. El tiempo acá perdió su orden y el pasado, el presente, y el futuro no se diferencian bien entre sí,  rotos y revueltos como  lo que queda en el fondo del paquete de galletitas surtidas.  Apátrida. Doscientos Años y unos meses juega con el tiempo para representar un hecho que, si bien forma parte del pasado, es increíblemente actual, por la vigencia de las preguntas que plantea.

En la obra se pone en escena la pelea  que realmente ocurrió entre el pintor Eduardo Schiaffino (quien unos años más tarde impulsaría la fundación del Museo Nacional de Bellas Artes) y un crítico de arte,  Eugenio Auzón, en la Argentina conservadora y optimista de 1891. Rafael Spregelburd, además de escribir y dirigir la obra, actúa de ambos personajes, y  Federico Zypce hace la música que es tan importante como el texto.

Schiaffino lidera un grupo de artistas locales educados en Europa, que  pretenden  fundar un movimiento artístico propiamente  nacional. Con esto en mente, participa de la organización de una muestra donde se exhiben obras de pintores como Ángel Della Valle y Eduardo Sívori. Pero la exposición es recibida con desprecio por el crítico Auzón, quien a través del diario en el que escribe, se burla de las pretensiones de estos pintores: ¿Puede ser considerado arte nacional un Juan Moreira pintado con estilo y técnica europea? Esto da inicio a un debate que rápidamente  se transforma en un combate, y que finalmente se resuelve, de manera inverosímil pero real,  en un duelo a muerte en un descampado de Morón.

Un Schiaffino  apasionado y creyente, grita, llora, escupe, recurre a un megáfono para tratar de hacerse entender. Y se choca con un Auzón que empieza siendo muy cool y confiado, pero que termina ahogándose en la misma desesperación que su contrincante. De la pregunta por la posibilidad de un arte argentino,  brotan muchísimas otras que, gracias a la energía desbordante de Spregelburd, golpean a los espectadores con la contundencia de una locomotora (las de aquella época, claro). ¿Debe el Estado tutelar la emergencia del arte? ¿Quiénes son los que determinan qué será nuestro arte nacional y qué no? ¿Cómo se relaciona el arte con el mercado? ¿La periferia con el centro? ¿Lo regional con lo extranjero? ¿Las colonias con Europa? ¿El nacionalismo con el cosmopolitismo? ¿El patriotismo con la xenofobia? ¿Los críticos con el arte? Todas preguntas que 122 años más tarde todavía  estamos respondiendo, y que en definitiva se engloban bajo la gran pregunta por la identidad de lo argentino.

La puesta en escena de esta historia además viene acompañada por la  dirección y ejecución musical  del inclasificable Federico Zypce, que comparte el escenario con Spregelburd durante toda la obra. En una especie de fortín armado con instrumentos irreconocibles, procesadores, pasacasetes, tocadiscos, diapasones, cuerdas, metrónomos, radios, engranajes,  y una computadora, Zypce se mueve como un científico loco dadaísta. Rompe, toca, tira al piso un puñado de bolitas de vidrio, sacude una matraca, hace sonar un tango, un relator de fútbol, un predicador evangelista, una  cumbia y varios ringtones de celular.  Y a partir de todo esto crea una música delirante e inexplicable, pero que te atrapa y te sumerge en lo que está pasando.

Y , como si todo esto fuera poco, para el final se guardan una última sorpresa que nadie se espera.  Una de esas que  hacen que te inclines un poquito para adelante en tu asiento, para verificar que lo que estás viendo y escuchando es real. Este final es una buena síntesis de la totalidad de Apátrida. Doscientos Años y unos meses, algo que es demencial y bizarro, pero que a su vez tiene todo el sentido del mundo.

(Por el momento, el lunes 13 de Mayo será la última función de esta obra, hasta nuevo aviso. Vale la pena visitar cada tanto la página de El Extranjero para no perdérsela)

Felicitas Sánchez

apatridas 4Ficha Técnica
Director: Rafael Spregelburd
Autor: Rafael Spregelburd
Actúan: Rafael Spregelburd / Zypce
Dirección Musical: Zypce
Investigación: Viviana Usubiaga
Fotografía: Ale Star
Voces grabadas:Mónica Raiola / Erik Altorfer / Pablo Osuna García / Félix Estaire de la Rosa / Zaida Rico / Ruth Palleja / Zypce / Spregelburd
Iluminación: Santiago Badillo
Diseño del espacio: Santiago Badillo
Vestuario: Julieta Álvarez
Dónde: Teatro el Extranjero , Valentín Gómez 3378, Abasto, Ciudad de Buenos Aires
Cuándo:  Lunes 21:00 hs.
Entrada General: $ 70
Estudiantes y Jubilados: $ 50 – [presentando acreditación]

Comments

  1. Rafael Spregelburd says:

    Muchas gracias por la elogiosa reseña. El espectáculo vuelve el lunes 17 de junio.
    Rafael Spregelburd

Dejá tu mensaje

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: