Down: El sur volvió al sur [review]

El metal sureño-yankee obviamente-, estremeció de nuevo a la Argentina en un Teatro de Flores colmado de fanáticos, quienes desde las 19 comenzaron a ingresar al recinto para escuchar a la leyenda Philip Anselmo gritar con toda su actitud en compañía de una excelente formación integrada por Kirk Windstein, vocalista de Crowbar y también integrante de la super banda Kingdom of Sorrow; Pepper Keenan, guitarrista y vocalista de la también legendaria Corrosion of Conformity; el bajista Patrick Bruders y el batería Jimmy Bower, quién ha venido acompañando a Anselmo desde el desaparecido proyecto Superjoint Ritual.

La telonera D-Mente, liderada por Andrés Giménez, fue el abrebocas que cimentó la base para la presentación de la banda de New Orleans. Incluso K. Windstein presenció a un lado del escenario y casi en su totalidad, la buena previa que brindó la banda argentina.

Tras la banda del ex A.N.I.M.A.L., los arreglos de sonido no se hicieron esperar y muy puntuales arrancaron con Hail the Leaf, con una audiencia que no pudo ni poguear por falta de espacio. Con cinco integrantes-cuatro de ellos saltando y moviéndose de lado a lado-, la dinámica de Down fue tan potente como los riffs lentos pero incisivos típicos de la banda, que sin espacio arrancaron Lifer, el segundo corte de su aclamado álbum Nola.

“Nos preguntan por qué volvemos a la Argentina, y respondemos que lo hacemos porque ustedes son geniales!”, vociferó Anselmo, agradeciendo a su pequeño -bueno, no tan pequeño- ejército local. Acto seguido, la banda interpretó Witchtripper y Open Coffins, tercer y cuarto corte, respectivamente, de su última producción Down IV Part I: The Purple EP.

Los ánimos se encontraron en su máximo posible a esta altura, y no faltaron aquellos que se saltaron las vallas de contención para lograr llegar hasta Anselmo. Ninguno lo logró.

Luego de sus himnos Lysergic Funeral, Temptation Wings, Losing All, Ghosts Along the Mississippi y New Orleans a Dying Whore, el ejército de Anselmo fue llevado de nuevo a la cúspide con un pequeño fragmento panteresco de Walk.

“Oeee…. oe oe oeeee Darrell…Darrell…”, cantó al unísono la multitud en reciprocidad, recordando al fallecido Dimebag Darrell: “Amo Pantera. Extraño Pantera. Pero la memoria de Pantera jamás podrá ser negada”,  sentenció Anselmo, antes de continuar con el show.

La indiscutible fuerza escénica de Anselmo, la voz de plomo del metal, es bien conocida por los demás miembros de la banda, quienes no parecen verse afectados en absoluto por ello. No lo necesitan tampoco, ya que todos, guardando sus proporciones, ya tienen su lugar asegurado en la historia del metal.

Un retiro a backstage los devolvió con la energía suficiente para cerrar la noche, interpretando Stone the Crow y Bury Me in Smoke en una presentación de aproximadamente una hora y media que evidenció la potencia y la verdadera naturaleza del rock, en familia, finalizando con un poderoso jamming que cedió, primero, la batería a Paulo Torres y luego la guitarra a Lisardo Álvarez (ambos D-mentes), para alentarse entre ellos y dejar en el público esa sensación de satisfacción total que sólo se puede encontrar en los recintos pequeños, completamente llenos, esos que huelen a sudor y cerveza, y con una banda como Down, que nos recuerda que todo esta escena aún tiene sentido.

Texto y Fotos: Andrés Felipe Carrizosa

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