La escritura y el prejuicio

MarchiPor un tema de interés particular, llegué a este libro de Sergio Marchi llamado El Rock Perdido, de los hippies a la cultura chabona (Buenos Aires, Capital Intelectual, 2005). Sin hacer juicio de valor sobre el tono despectivo que ya tiene el título, comencé a leer una reconstrucción bastante coherente de lo que se podría establecer como la degradación del rock argentino.

Cromañón, como en muchos de estos trabajos oportunistas que aparecieron meses después de la tragedia, es el eje de este libro. La tragedia del boliche de Omar Chabán aparece todo el tiempo, en la introducción, en el nudo y en el desenlace, y está bien. Pero aquí lo que llama poderosamente la atención es la carga de prejuicio con la que el autor va redactando los capítulos que incluyen al punk rock de 2 Minutos y Flema, grupos a los que por sus letras relaciona directamente con la cumbia villera. Afirmaciones como “el grupo no pudo o no supo acceder al estrellado pero dejó tras de sí un desordenado repertorio de canciones de dudosa calidad” le sirven al autor para redondear la descripción de la obra del “atormentado” Ricky Espinosa y su grupo. A Ricky, sin ir más lejos, lo define como “tan sólo un muchacho con problemas, potenciados por la ingesta de alcohol y drogas”. Ahora bien, el autor no utiliza ninguno de estos términos despectivos para definir a su amado Charly García, un muchacho que conoce alguna que otra sustancia como las ingeridas por Ricky y que sigue haciendo uso-sólo-de su nombre para vender entradas en los grandes festivales.

Podría ser una opinión más, pero, por ser tan prejuicioso, queda expuesto al caer en imprecisiones tales como cuando se pregunta, otra vez despectivamente, si el tema Yo tomo, de Bersuit Vergarabat, es un cuarteto, cuando claramente tiene ritmo de cumbia.

Marchi, en 2005, acreditaba 28 años de asistir a recitales de rock y para 2013 seguramente ya habrá visto otra gran cantidad de conciertos, toda una carrera y todo un currículum, pero la descalificación de ciertos grupos y estilos que no son de su agrado termina empañando un trabajo que en su idea inicial-a pesar de lo oportunista de la publicación-aportaba un interesante análisis sobre varios cambios en el rock argentino. Así, el prejuicio prevalece por sobre la subjetividad.

Alejandro Panfil

Comments

  1. “Así, el prejuicio prevalece por sobre la subjetividad” –> para robársela.

  2. Pero qué catarro, señor Marchi. Pura Flema. Cof cof.

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