Auster al teatro: La música del azar

“No  puedo creer que cometieras una equivocación semejante. Lo teníamos todo en armonía.

Habíamos llegado al punto en que todo se  estaba convirtiendo en música para nosotros, y entonces se te ocurre subir arriba y destrozar todos los instrumentos.

Desordenaste el universo, amigo mío, y cuando un hombre hace eso, tiene que pagar el precio.”

Más que una adaptación yo diría una versión. Para los que no estén familiarizados con la obra de Auster, y más precisamente con su La música del azar, este comentario no es relevante. A fin de cuentas la obra resultó una comedia original e imperdible. Pero para quienes están buscando a Auster, lamento desilusionarlos, pero no. El tema del azar y la casualidad es central en las novelas del escritor yanqui, pero, y esta obra no es la excepción, es un tema siempre vinculado con la cuestión de la identidad. Mejor aún, con la pérdida de la identidad. Los personajes que dejan de luchar contra el azar y se dejan llevar por la fortuna, mala y buena, terminan (¿o comienzan?) por perderse a sí mismos y ese es el drama que da tanto valor a estos textos. Jim Nashe es un tipo que perdió todo cuando ganó plata y a partir de ahí, con los acontecimientos desparramados azarosamente, fuera de lugar, su vida queda tergiversada y parece que hasta el lenguaje perdiera referencia. El mismo Auster describe como un ‘salto de fe ciega’ ese momento en que decide convertirse en el socio capitalista de un joven jugador profesional de póker. Es como tirar de la punta de un ovillo y perder el control de la lana que se desenrosca sin parar. Nashe se pierde a sí mismo por el abandono, la soledad y desaparece.

Pero a Nelson Barrientos, el Nashe de la versión para teatro de Izcovich, no le sobrevienen todas estas emociones; no es protagonista de estas tensiones. Es que la obra teatral, si bien respeta el libreto y la cronología de la novela de Auster, tiene otras intenciones. Casi sin obstáculos, la puesta y la apuesta son tan originales como creativas. Todo colabora ya que el Samsung Studio es el lugar perfecto para que los actores y las escenas ocupen toda la sala. Las mesas redondas le permiten al espectador girar sobre su eje y quedar atrapado por la trama. La escenografía nos desafía desde el principio porque es muy básica y pretende que repongamos mucho con nuestra imaginación. Esto forma perfecta amalgama con la historia itinerante. Los diálogos al servicio de la comedia llevan la historia de manera dinámica y están interpretados, en su mayoría, de manera elocuente. El trabajo de Barberini es impecable, así como los de de Silva, De María y Jensen. Vale la pena ir a verlos y disfrutar de sus actuaciones envueltas en una música e iluminación perfectamente coordinadas.

Sin embargo, el personaje principal, no me convenció para nada. Mientras todo a su alrededor se da naturalmente, como en la vida real, el Nelson Barrientos que compone Martín me resultó forzado, sin gracia, sin rasgos particulares o marcas de estilo. Es un personaje muy rico, completo y, quizá por culpa del guión que no busca transmitir esa atmósfera desesperada, psiquiátrica del libro, el personaje se pierde y se lleva con él al “campeón de las causas perdidas” que tanto queremos estrangular en la novela.

No quiero contarles más y mucho menos adelantar detalles de esta historia que amerita las dos experiencias, la de la lectura y la del teatro. El libro se consigue en todos lados: en las grandes tiendas como en los puestos de Plaza Italia o Primera Junta, editado por Anagrama en su colección ‘compactos’ (sí, los de colores que tanto alegran las bibliotecas de los nerds como yo) en verde.

Para los que sufren algún TOC, también existe la película que sin mucho éxito pasó por los cines y que escribió y dirigió el artista Philip Haas en 1993.

En fin, como dicen en el barrio: tropezón no es caída. La obra es genial y vale muchísimo la pena acercarse a verla. Por lo pronto va a estar de jueves a domingo a las 21hs en el Samsung Studio (Pasaje 5 de Julio 444, a pasitos de Belgrano y Defensa) en el coqueto barrio de San Telmo.

Ficha técnica:
Interpretes: Ariel Pérez De María, Juan Barberini, Alfredo Martín, Germán De Silva, Cristián Jensen
Dirección: Gabriela Izcovich
Autor: Paul Auster
Música: Lucas Fridman
Vestuario: Lorena Diaz
Escenografía: Gabriel Caputo
Iluminación: Gabriel Caputo
Adaptación: Gabriela Izcovich
Piano: Federico Wiman

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