Ni por Puig: Bajo un manto de estrellas

Fui al teatro atraída por el nombre de Manuel Puig, lo que es a veces un esnobismo y a veces una garantía de calidad. Pero que Puig haya sido el de Boquitas pintadas y el de El beso de la mujer araña no hacía que todas sus obras para teatro contaran con un libro impecable. Desde ya les comento que Bajo un manto de estrellas es una obra limitada, un ensayo del autor sin mucho valor como hecho artístico. En rigor es la primera obra de teatro que el autor escribe, en 1981 desde su exilio en Brasil, y como a veces ocurre con los primeros intentos, este es un conglomerado de buenas ideas llevadas a cabo sin genialidad.

La historia ocurre en 1948 en una casa de campo cuyos dueños son una pareja de burgueses rurales empilchados, perfumados y maquillados para tomar el té en el medio de la nada. Esta pareja tiene una hija adoptiva que es hija natural de unos amigos quienes murieron en un accidente en 1929. La acción se pone en marcha cuando una pareja de ladrones de joyas irrumpe disfrazada pidiendo refugio.

La primera buena idea que aparece en la obra es la confusión temporal, como si el tiempo estuviera plegado y pudiéramos acceder a dos momentos separados de manera simultánea. Y con esto los personajes van terminando de a poco de perder la cabeza, conjurando una y otra vez un mismo verso que sirve de máquina del tiempo enloquecedora y perdiendo toda referencia lógica.

La segunda gran idea es el tono de telenovela venezolana, o radioteatro de los años ’40 que origina desde el momento cero el ridículo. Fui a ver la obra sin informarme mucho para dejar que la sorpresa generara la primera impresión y me tomó un buen rato discernir si las actuaciones eran pésimas o la obra era así, nomás. Y era así y la única que logra verdaderamente acceder al estilo es María José Gabin, cuya presencia en escena va del grotesco al ridículo y de la expresividad a la sobreactuación representando su papel a la perfección e irradiando su magia sobre su pareja Pompeyo Audivert, muy correcto. El resto del elenco tiene una actuación decente, excepto por Héctor Bidonde que no me convenció para nada.

La tercera idea es buena aunque nada original: la crítica social de una clase más preocupada por la impostura que la transparencia y que admite cualquier crimen, pero que no se note. La idea está, pero está planteada con tanta obviedad que pierde profundidad.

La obra puede ser vista sin muchas pretensiones y tomarse como una comedia del montón, aunque es verdad que cuando de Puig se trata, yo hubiera esperado ver algo más. Hay locura y delirio, ambigüedad y enredos, hay erotismo y romance pero no es la obra que consagre a ningún autor. Había que animarse a poner en escena este homenaje a Puig en el 80 aniversario de su nacimiento y el director Manuel Iedvabni y el elenco corrieron el riesgo. El resultado es, al menos, controversial.

La obra está en el teatro La Comedia, en Rodríguez Peña 1062, esquina Santa Fe, frente a la entrada de Rodríguez Peña de la Galería Bond Street, y la entrada vale $130. Se saca por Plateanet y, atenti, hay 2×1 con Club La Nación. Hasta marzo.

Funciones: Jueves, viernes y sábados 21hs. Domingos 20hs

FICHA TÉCNICA
Autor: Manuel Puig
Elenco: Adriana Aizenberg, Pompeyo Audivert, Héctor Bidonde, Paloma Contreras, María José Gabín.
Luces: Roberto Traferri.
Escenografía y vestuario: Julio Suárez.
Música original: Sergio Vainikoff
Asistente dirección: Angie Zamblera.
Prensa: Varas – Otero
Director: Manuel Iedvabni.

Comments

  1. Yoapocap says:

    impecable e implacable

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