¿Quién soy? COCK

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Si alguna vez te sentiste como un montón de pedazos desparramados que no forman una unidad, incapaz de responder a la pregunta ‘¿qué sos?’ hasta el punto de querer, o bien pegarle a alguien, o bien salir de donde estás y tomarte un bondi hasta desaparecer; quiero decir, si no sos de esas personas que encajan perfecto en la definición de las miles de etiquetas sociales que nos catalogan, por ejemplo, mujer, punk, hombre, responsable, gay, profesional, rockero, exitoso o heterosexual; bueno, si alguna vez te sentiste parte de esa minoría incomprendida, esta obra te va a dejar bien en claro que no estás solo. COCK, que quiere decir ‘verga’, ‘pija’ o ‘polla’, es la historia de un hombre ahogado por la presión de las etiquetas sociales, que se siente asfixiado por la necesidad de definirse, de responder a la pregunta ‘¿qué sos?’, que se siente culpable por no poder dar seguridad a través de una respuesta final. Es que Juan siempre fue gay, pero ahora no lo es tanto, y la pregunta ‘¿qué sos?’, rígida, como si cada vez que buscara la palabra ‘Juan’ en el diccionario tuviera que encontrar la misma definición, le impide ahondar en el desafío de preguntarse ‘¿quién sos?’.

Juan (Leonardo Sbaraglia) si bien es el único personaje con nombre, no es el único que sufre. Sus parejas, él  (Diego Velazquez) y ella (Eleonora Wexler) son también víctimas de nuestra bienamada ‘sociedad moderna’. Hay un personaje extra que parece totalmente fuera de lugar pero que sin embargo tiene el peso del pasado, de la historia, de la tradición: el padre de la pareja masculina de Juan (Jorge D’Elía), Es él el que nos permite darnos cuenta que hay en juego un derecho que es la causa de una lucha histórica, pero que eso no implica que no tenga límites; que es mucho más complejo y más variado de lo que creíamos.

Mike Bartlett es el autor de este texto hermoso, escalofriante. Veronese hizo un gran trabajo de adaptación y la puesta en escena e iluminación son sencillas, minimalistas: un combo que no te deja perder el foco. Las actuaciones, todas, impecables.

Ahora bien, mientras estábamos todos en medio de este terremoto que nos cuestionaba nuestros cimientos, un tipo (me dijeron en el sonido que era el padre de Sbaraglia) no paró de sacar fotos, toda la función: 300 sonidos de obturador por segundo. Se supone que no se puede sacar fotos y la gente de organización de la sala Pablo Picasso dejó mucho que desear a la hora de garantizar el mejor ambiente para apreciar la obra. Una falta de respeto para la audiencia que paga una entrada, para los actores, para toda la gente que trabaja para poner en escena la obra. Ya me había pasado en esa misma sala en otra oportunidad. Esperemos que la organización del teatro se empiece a poner las pilas.

Comments

  1. Concuerdo, vi la obra. Lamentable lo del fotografo.

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